viernes, 6 de diciembre de 2013

MasterPiece (MasterPiece)



Que los Talent Shows profesionales están de moda es algo que no se pueden negar. Y, como todo, cuando uno triunfa por goleada muchos otros buscan su hueco y aparecen nuevas propuestas. En Italia acaba de aparecer “MasterPiece"; producido por Freemantle Media,el que muchos definen como el “MasterChef” de los escritores; muy comentado en este momento gracias al exhaustivo análisis del blog “El Asombrario&Co.” de elDiario.es que nos lo ha descubierto para muchos. Desde “¡A la Parrilla!” nos gustaría analizar también las claves de este formato y entresacar su fórmula que, aunque no lo parezca, va más allá de “MasterChef”.

LA FÓRMULA: Nombre y mecánica similar a “MasterChef” + “Tu Oportunidad” (“Dragon´s Den”/”Shark Tank”) + “Me Cambio de Familia”

En “MasterPiece” buscan el próximo gran éxito de ventas de la literatura italiana: la mejor obra se publicará con una tirada inicial de 100.000 copias, un número muy superior a lo que en la actualidad suelen ser las ventas en librerías. Para ello, en la fase clasficatoria actual, 10 concursantes se presentan ante un jurado de escritores con su novela inédita para saber si esta se merece ser publicada como la Obra Maestra del Año.

El concurso se divide en tres bloques: audición, prueba de inmersión y prueba final. En las audiciones, los concursantes leerán una página de su obra a los jueces para que estos decidan si merece pasar a la siguiente fase de la criba o no: si la obra recibe dos votos positivos de tres, pasa a la segunda fase de la audición. Tras una deliberación, el jurado debe escoger sólo a cuatro de los clasificados para la prueba de inmersión.

Los cuatro concursantes son divididos en dos parejas para la prueba de inmersión. El programa les tiene preparada una experiencia en algún lugar de Italia, en la que podrán conocer situaciones y personajes concretos desarrollando una actividad que, aparentemente, debe de ser alejada a la de los concursantes: en el tercer programa, una pareja de chicas ingresa en un convento durante un día y medio y una pareja de chicos entra en una convención de culturismo durante un día.

Al volver a plató, los concursantes tendrán treinta minutos para improvisar sobre su experiencia un relato corto según las indicaciones del jurado: por ejemplo, una página del diario de la Madre Superiora del convento que recibió a las chicas, sintiendo que el personaje las acoge aunque pueda temer al ser ellas unas extrañas en su realidad. De cada una de las parejas de textos, el jurado se queda con uno; teniendo así a los dos finalistas del programa.

La prueba final es el Elevator Pitch, el discurso del ascensor. Este se desarrolla fuera de plató, de noche, en el ascensor del impresionante Museo del Cine de Turín. El concursante compartirá trayecto en ascensor con un escritor invitado al que deberá contar la trama de su novela en el tiempo que tarda en subir del suelo a la cúpula del edificio, 59 segundos. De vuelta al estudio, el escritor invitado y el jurado decidirán qué concursante es el ganador del día y debe pasar a los programas finales de “MasterPiece”.  El programa finaliza con consejos de escritores y editores hacia los espectadores sobre cómo escribir una historia mientras que pasan los créditos.



“MasterPiece” utiliza la mecánica del Talent Show culinario: tres fases de juego, la segunda de ellas en exteriores y cada una con una duración máxima de 40 minutos (40, 30 y 20 minutos). Pero no sólo la usa, sino que la explota hasta límites insospechados, mezclándolo con otros formatos que también funcionan y que lo potencian aún más.

La fase de audiciones tiene mucho ritmo y transmite lo mismo que el momento de la venta de un proyecto en “Tu Oportunidad” (adaptación española de “Dragon´s Den”). El concursante no lee solo, sino que el espectador puede seguir la lectura en el mismo instante: todo lo que se lee de una obra se subtitula. Las pruebas de inmersión, al igual que la fase de grupos de “MasterChef” aporta una dosis sorpresa y frescura en cada programa; pero aquí no es sólo un sitio en el que cocinar o para el que guisar: es un lugar donde convivir y acercarse a una realidad al igual que ocurre en “Me Cambio de Familia”. No es casual que a una chica con media cabeza rapada que ha presentado una novela sobre un chaval de 1968 descubriendo su homosexualidad sea una de las que entra a convivir durante dos días en un convento de clausura. Y, al igual que en "Top Chef", también tenemos el posible choque de egos de un grupo de escritores enfrentados a un jurado.

Visualmente, la prueba de inmersión en plató aporta el bello espectáculo de la creación, dado a que los ordenadores de los concursantes están conectados a una pantalla tras ellos mismos por las que ver lo que escriben en ese momento. La prueba final funciona debido al lugar en el que se realiza: en el ascensor de un edificio imponente y al que durante todo el programa se identifica con el último desafío; si fuera el clásico alegato (como en las audiciones) no aportaría nada y aburriría. Además, a la hora de presentar a Turín en esta última fase el programa se impregna de la serie “Sherlock” de la BBC, tanto en gama cromática como en el uso de la técnica del Timelapse con Tilt Shift, haciendo parecer miniaturas a los coches y edificios.

Este formato tiene una ventaja frente a “MasterChef”: aquí el público también cata el resultado final. La literatura se puede sentir más fácilmente que la cocina.

El presentador y coach de concursantes, Massimo Coppola, escribe, es guionista, director de cine y televisión y es editor; similar a la figura de David Trueba en España, pero su atractivo hace que potencie aún más el que un público femenino y más lector de enganche al programa. 


Sobre su llegada a España, es complicado pero no imposible. Es un programa para la minoría que ahora mismo está perdiendo audiencia, y por su temática debiera recalar en La2 de TVE al igual que este se encuentra en Rai 3. Pero, por su presupuesto, se hace difícil que sea allí e iría a La 1. Los amantes de la literatura disfrutarán del programa, pero para que sea un espectáculo depende de un gran trabajo de casting para encontrar a jueces españoles relativamente jóvenes que den juego y caché sin tener que recurrir a Antonio Gala; que, por otra parte, sería un gran fichaje. Dudo que Pérez Reverte acepte, pero atraería mucho a la audiencia y por seguro haría que las redes sociales ardieran y funcionase el programa.

Sólo un “pero”: el programa descubre en buena parte la escritura como actividad industrial desde un plató de la misma estética, algo que puede hacer que muchos espectadores se entristezcan al no verlo como romántica creación solitaria.  “MasterPiece” es un programa que sólo podría recalar en TVE: es una apuesta muy arriesgada por el fomento de la lectura y, aún más, por animar a la creación.

¿Tienen tiempo? No se lo pierdan... Aquí un enlace al tercer programa en la web de la Rai.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

El Conciertazo



Ayer conocimos la triste noticia del fallecimiento de Fernando Argenta a causa de un cáncer de páncreas. Maestro de comunicadores de la música clásica, desde “¡A la Parrilla!” queremos dedicarle un sentido homenaje siendo el primero en ocupar la sección “El VHF”, una mirada al pasado que comienza con SU programa en mayúsculas: “El Conciertazo”.

“El Conciertazo” empezó en el año 2000 con un prólogo de Fernando Argenta antes de la cabecera. Entre la orquesta, en un escenario a oscuras, nos saludaba a los niños iluminado sólo por un foco de seguimiento con un mensaje: “Esta es vuestra orquesta”. Nos ofrecía a los niños la Orquesta Sinfónica de RTVE para que, jugando, descubriéramos la música clásica. Para muchos, el programa era una adaptación a televisión de su programa de RNE “Clásicos Populares”, pero realmente adaptó una fórmula que ya venía haciendo por toda España con sus conciertos para niños.

Un concierto con el patio de butacas iluminado. Un concierto en el que el menos serio era su maestro de ceremonias. Un concierto en el que todo, absolutamente todo podía pasar: desde que el ballet enseñara a un grupo de niños a hacer una arabesca a que toda la orquesta se disfrazara con chubasqueros para tocar la polka “Bajo truenos y relámpagos”, pasando por una infinidad de voluntarios disfrazados que saltaban a la palestra cada vez que Argenta los solicitaba. Y no había vergüenzas: el menudo público siempre estaba entregado a la causa en un espectáculo con una alegría desbordante. Convirtió al director de orquesta Pascual Osa en un gran cómplice del programa junto a la Orquesta Filarmonía, que pasó a ser la habitual tras los primeros programas con la del ente público.


“El Conciertazo” supo, poco a poco, evolucionar y adaptarse a las modas: marcó con cortinillas diferentes secciones con las que hacer un pelín más ordenado y didáctico su desarrollo; y, cuando aparecieron “Los Lunnis”, el programa incorporó como copresentadores a Los Traca; una familia de marionetas que podían convivir con cualquier compositor en su teatrillo. Pero eso no hizo que nunca perdiera su esencia: la de disfrutar de la música en directo; porque no sólo había clásica, sino que también las grandes Bandas Sonoras del cine y la televisión tenían un hueco y con ello empezábamos a descubrir a los compositores más actuales. Además, el programa ganó dos premios Ondas y un premio del Festival de Televisión de Montecarlo y el formato fue exportado a Italia, donde lo producía Rafaella Carrá para la RAI.


Este programa tocó a su fin en el verano de 2008: debido a su antigüedad en la empresa, Fernando Argenta fue incluido en el ERE de RTVE; el mismo en el que fueron despedidos otros históricos profesionales como Rosa Mª Calaf o José Antonio Maldonado. En entrevistas de la época, afirmó que no quería abrir dar paso a las llamadas de los oyentes de RNE porque le entristecía oír las sentidas despedidas que le dedicaban.

RTVE prometió que sus programas serían sustituidos por otros de corte similar: a La2 llegó “El Club del Pizzicato”, presentado por el violinista libanés Ara Malikian y la soprano Virginia Carmona, que comenzó siendo una especie de “Club Disney” de la música culta; que, en su segunda temporada, recibió un grandísimo lavado de cara para otorgarle la estética de programas como “Música Sí” y a los jóvenes actores de TVE Patrick Criado (Nuño en “Águila Roja”) y Lucía Gil (“Gran Reserva”) acompañando a Malikian. El programa desapareció la temporada pasada, dejando huérfana a La2 de TVE de un contenido infantil altamente necesario en nuestra televisión pública.


Los niños que crecimos con Fernando Argenta nunca podremos agradecer todo lo que nos enseñó este Señor, la música que nos descubrió y el amor que nos inculcó hacia ella. Siempre tendré la espinita clavada de no poder agradecerle en persona todo aquello a lo que me motivó y me llevó a aprender; conocimientos que hoy día sigo poniendo en práctica. Gracias por demostrarnos que la música culta puede ser divertida. Gracias por demostrarnos que hacer otra televisión es posible.

Sólo podemos cerrar este post de la misma manera que él cerraba sus programas, dando vueltas como una peonza bajo una nube de papelillos de colores: ¡VIVA EL CONCIERTAZO! ¡VIVA LA ORQUESTA FILARMONÍA! ¡VIVA LA MÚSICA CLÁSICA!

lunes, 2 de diciembre de 2013

Estrellas en alza (Rising Star)


La semana pasada hablábamos en el UpFront de la notoriedad de Israel en el ámbito de la creación de formatos; y esta misma semana se ha confirmado la compra por parte de Antena 3 de un talent show que acaparó un gran interés en el último MipCom de Cannes (la gran feria internacional de formatos de entretenimiento) a Tedy Productions, con sede en Tel Aviv. Se trata de “Rising Star”, cuya traducción literal sería “Estrella Naciente”; algo muy propio de estas fechas de Adviento al ser un programa venido de Oriente. También podríamos traducirlo como “Prometedora estrella”, pero, debido a la mecánica, consideramos que se trata a la vez de un juego de palabras con el verbo inglés Rise (subir, alzar, aumento en el caso de sustantivos); por lo que creemos conveniente traducirlo para este blog como “Estrellas en alza”.

LA FÓRMULA: La votaciones del público durante las actuaciones de “El Gong Show” en positivo + programa en directo + app móvil gratuita

En “Estrellas en alza” un nuevo valor de la música salta al escenario para enseñar cómo es su voz y lo que vale encima de un escenario: en directo y en prime time. Es por ello, que el programa le ofrece un micro para que cante en un escenario circular rodeado por una gran pantalla semicircular que le impide ver al jurado de cuatro jueces y a una abarrotada grada de público; aunque el concursante sabe que ellos están allí: el concursante no podrá verles, pero el público y el jurado sí lo hará a través de la otra cara del videowall. Al iniciar su actuación, en la pantalla aparece una barra de aceptación, que muestra el porcentaje de votos positivos que está recibiendo en ese momento: si llega al 70%, supera la audición. Y que ese porcentaje aumente depende del público en casa, pero no a través de llamadas o de sms: lo harán desde una aplicación gratuita para teléfonos inteligentes. Cada vez que un espectador vota desde su Smartphone, su avatar en la aplicación aparecerá en la gran pantalla semicircular frente al cantante, llenando poco a poco el muro con las caras de aquellos que le apoyan. Si uno de los miembros del jurado acciona su pulsador para darle apoyo, otorgará automáticamente un 7% extra a la barra de aceptación. Si el concursante consigue el 70%, en la pantalla no quedarán huecos vacíos sin avatares y esta subirá para permitirle al cantante sentir el cariño de un enfervorecido público y celebrar su paso al programa.



La gran novedad (y riesgo) de este programa es el hecho de que se pueda votar a través de una aplicación gratuita de móvil. El hecho de que el público vote durante las actuaciones hasta conseguir un determinado porcentaje es algo que hemos visto en otros concursos, la mayoría de ellas con el público en plató. Uno de ellos es la versión española de “El Gong Show” (que poco tenía que ver con la clásica americana) o el reciente “Don´t Stop Me Now” que TeleCinco versionó con Pilar Rubio y José Corbacho llamándolo “Todo el mundo es bueno”.

 En ambos casos, el público vota en negativo, vota para que la actuación acabe porque la desaprueban. En “Estrellas en alza” no es así: el público vota para que el concursante se sienta apoyado, cada espectador ejerce con su móvil como si fuera un coach de “La Voz” y, gracias al muro que separa al público en plató del cantante, se consigue esa sensación.

El hecho de que la interactividad sea total e inmediata con el programa abre la veda en dos aspectos. El primero y más obvio, en el terreno de la incursión del público en las mecánicas de los concursos de forma aún más activa y adictiva: imagina cómo sería un comodín del público en “¿Quién Quiere Ser Millonario?” con esta tecnología; aunque más allá de la encuesta la tecnología quede un poquito corta.  El segundo, y más revolucionario, es que abre en el público un sentimiento ya existente en otros campos: el “todo gratis”, ya no tenemos que dejarnos 1,25€ para votar; algo que podría hacer que la gente dejara de votar para eliminar a un concursante en un reality igual que dejó de mandar SMS para que salieran en pantalla en los programas de debate al poder hacerlo a través de twitter.

Y es que en esa interactividad inmediata y gratuita reside el éxito de “Raising Star”: si aquí en España la aplicación obligara a pagar algo por cada voto positivo, el programa no funcionaría igual de bien y no tendría la atención del público porque sería más de lo mismo, de lo que ya hemos visto miles de veces desde que estrenaron el televoto en Eurovisión en 1997.

“Estrellas en alza” es probablemente el futuro reemplazo de “Tu Cara Me Suena” a partir de febrero de 2014; y, al igual que “La Voz”, será un gran éxito debido a la originalidad en la fase de audiciones. Habrá que ver si también lo es por sus fases de clasificación y final.